PÉREZ Rafael

Inicia su formación en la Escuela de Artes Plásticas Arturo Michelena (Valencia, Venezuela). Su obra temprana, en la que predominan el paisaje y la naturaleza muerta, comienza a ser reconocida en salones regionales desde mediados de los años cincuenta. En 1965, en el Instituto Venezolano Italiano de Cultura (Caracas), da a conocer sus primeras creaciones abstractas de tendencia lírica e informalista.

En 1966 viaja a Europa y al año siguiente se instala en Zürich (Suiza). Su interés se decanta por el arte cinético y, hacia 1968, inicia la serie Fragmentation chromatique, en la cual suspende series de láminas móviles de pléxiglas de colores transparentes sobre superficies de madera pintadas, dando lugar, gracias a los movimientos de dichas láminas y del espectador, a múltiples y cambiantes combinaciones cromáticas. Pérez da a conocer estas obras en sucesivas muestras en la Galerie Suzanne Bollag (Zürich, Suiza, 1969), la Galleria La Polena (Génova, Italia, 1970), la Galerie Stampa (Basilea, Suiza, 1970) y la Galleria del Cavallino (Venecia, Italia, 1972), así como en la colectiva Jeunes artistes sud-amèricains (Cité Universitaire, Ginebra, Suiza, 1969), para la cual construye una gran ambientación. En 1972 realiza un mural para la Unión de Bancos Suizos (Schaffhausen, Suiza).

Un intervalo en el cual su investigación en torno al color se vuelve austera, con resultados a veces monocromáticos, da lugar a una muestra en el Centroarte El Parque (Valencia, Venezuela, 1976), con la cual, tras varios años, Pérez regresa a los circuitos expositivos venezolanos. Desde finales de los años setenta su investigación sobre la “fragmentación cromática” evoluciona hasta dar como resultado pinturas planas con un único elemento colgante móvil: un cuadrado de plexiglás de color transparente o no, que a veces reproduce el diseño del fondo aunque invertido, o tan sólo un simple y delgado marco. Activado por el viento, este elemento móvil da lugar a variados matices cromáticos y de sombras, que a su vez el espectador puede multiplicar con su propio desplazamiento.

A mediados de los ochenta, Pérez combina módulos de pinturas geométricas para dar lugar a obras de formatos irregulares que se adueñan del espacio sin las limitaciones del marco cuadrado o rectangular y en las cuales el color, dentro de cada uno de los módulos, así como la disposición de éstos, responden a una organización sistemática y serial. Son obras de gran libertad visual que han sido creadas de acuerdo a rigurosos esquemas constructivos. Cuando los módulos llegan a superponerse, nos encontramos en las fronteras del arte bidimensional y la incursión de Pérez (que ya había practicado con profusión el ensamblaje) en el ámbito de la escultura tiene lugar de manera natural. Pérez, sin embargo, no abandona el medio pictórico bidimensional, pues valiéndose de él desarrolla estudios de combinaciones de tonalidades cromáticas y formales de cuyos hallazgos, muy probablemente, se vale a posteriori en sus módulos. La pintura modular y la obra escultórica de esta etapa han sido mostradas en numerosas exposiciones individuales, entre ellas: Espacios geométricos (Artehoy, Caracas, 1989), Forma color (Museo de Arte La Rinconada, Caracas, 1990), Azul-azul 11 (Ateneo de Valencia, 1997) y Metamorfosis del color (Centro Cultural Eladio Alemán Sucre, Valencia, 1999).

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Rafael PEREZ

Rojo-Rojo, 1994

Foto: Ricardo Jimenez