NARVÁEZ Francisco

Comenzó su formación en el taller paterno y la continuó en la Academia de Bellas Artes de Caracas (1922-1928) y la Académie Julian de París (1928-1931). Regresa a Caracas y emprende la búsqueda de una escultura que integre los temas autóctonos y la expresión moderna, colocándose así a la cabeza del movimiento criollista. Las obras de esta etapa se caracterizan por los motivos vernáculos y la sensualidad de formas y volúmenes. Pertenecen a este momento varios trabajos para espacios públicos, como las fuentes para el Parque Carabobo (1933) y la Plaza O’Leary (Las toninas, 1943); así como las grandes tallas en madera para la Feria Mundial de Nueva York de 1939 (hoy en los liceos Fermín Toro y Andrés Bello de Caracas). En 1941 recibe el Premio Nacional de Escultura y, en 1948, el de Pintura. Si bien la obra escultórica de Narváez eclipsó su faceta de pintor, sus aportes en este terreno, también dentro del tema criollista, lo ubican como uno de los pilares de la modernidad pictórica nacional. A partir de 1949 participa en el proyecto de síntesis de las artes que desarrolla el arquitecto Carlos Raúl Villanueva en la Ciudad Universitaria de Caracas. La monumental talla en piedra El atleta (Estadio Olímpico, 1951) marca el fin de esta época.

Durante la etapa conocida como de las “formas nuevas” −representada en la Ciudad Universitaria de Caracas por el bronce La cultura (1954) y en las exposiciones Formas nuevas y Raíces (Sala Mendoza, Caracas, 1956-1957)− tienden a desaparecer los personajes y la anécdota, la figura humana se hace más estilizada, desaparecen sus rasgos precisos y, por momentos, conserva sólo de su anatomía una vaga referencia, rozando los límites de la abstracción orgánica. No se trató, sin embargo, de una evolución lineal: Narváez se acerca y se aleja una y otra vez de las formas abstractas y, en los territorios más ambiguos, logra las obras maestras del período, como la talla en madera titulada Figura acéfala (1966).

En la serie de los Ochavados −presentada en la muestra Maderas y piedras ochavadas (Sala Mendoza, 1970)−, la figura se muestra en sus formas más elementales y la materialidad comienza a ser la verdadera protagonista. A continuación, convencido de que la acción de tallar y el material empleado son capaces de conformar discursos autónomos, Narváez se desprende finalmente de toda referencia figurativa y adopta sin reservas la abstracción. Se inicia así la “etapa de los volúmenes”, en la cual las obras constituyen imponentes bloques de materia casi bruta, de apariencia ancestral y monolítica. También por entonces reproduce en bronce sus piezas abstractas de piedra y madera, creando así cruces de lenguajes y apariencias, y logrando resultados artificiosos, casi conceptuales. Sus últimas grandes esculturas para espacios públicos son El gran volumen/Energía (Amuay, 1981) y Armonía de volúmenes y espacios (Estación La Hoyada, Metro de Caracas, 1982). En 2005, bajo el título Francisco Narváez. Figuración y expresión (1930-1950). En el centenario de su nacimiento, la Galería de Arte Nacional de Caracas realizó una gran muestra dedicada a la primera etapa de la trayectoria del artista.

artart-collection-063

Francisco NARVÁEZ

(Cabeza/india) 3/6, 1966

Foto: Mariano Costa Peuser

Criollismo.- Con este término, o con el análogo de nativismo, prestados ambos de la crítica literaria, se conoce en la historia del arte venezolano una corriente principalmente escultórica figurativa centrada en modelos de ascendencia indígena o africana. Surgida a finales de la década de 1920, sus principales representantes fueron Alejandro Colina y Francisco Narváez, si bien este último integró estos modelos autóctonos con la expresión moderna.

Ciudad Universitaria de Caracas.- Campus de la Universidad Central de Venezuela diseñado por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva. Se comenzó a construir en 1944 y fue inaugurado en 1954, si bien las construcciones continuaron hasta mucho tiempo después. Obra maestra de la arquitectura moderna, en sus espacios Villanueva desarrolló una visión personal de la idea corbusiana de “síntesis de las artes”, según la cual el hombre y su participación activa (y no simplemente expectante) es el principal factor vinculante entre la arquitectura, la escultura y la pintura. En su proyecto, Villanueva contó con la colaboración de Jean Arp, Alexander Calder, Armando Barrios, Omar Carreño, Carlos González Bogen, Henri Laurens, Fernand Léger, Mateo Manaure, Francisco Narváez, Pascual Navarro, Alejandro Otero, Víctor Valera y Victor Vasarely, entre otros.