MATIZ Leo

Recibe su formación artística en la Escuela de Bellas Artes de Bogotá. Durante la década de los años treinta trabaja como dibujante de caricaturas para diversos medios impresos. También dirige algunas revistas y expone ocasionalmente sus dibujos. En 1939 recibe su primer encargo como fotógrafo: la documentación fotográfica de las tipologías sociales colombianas. Desde entonces, las clases sociales desfavorecidas (siempre evidenciando su alegría o fortaleza de carácter y no sus debilidades) tendrán un papel protagónico en gran parte de su fotografía. Al año siguiente abandona su país con la intención de trabajar en el cine mexicano. Expone dibujos y caricaturas en Costa Rica, fotografías en El Salvador y, en 1941, se instala en Ciudad de México decidido a dedicarse exclusivamente a la fotografía.

En 1942 expone sus primeros trabajos fotográficos realizados en México, centrados temáticamente en el pueblo, la tierra y los trajes de este país. Este mismo año se hace pasar por un preso en la cárcel especial de Mazatlán para realizar un reportaje, gracias al cual comenzará a forjarse el reconocimiento internacional. Durante el transcurso de la década de los cuarenta se integra plenamente al ambiente intelectual y artístico mexicano y realiza retratos de sus protagonistas, entre los cuales destaca la serie dedicada a Frida Kahlo. Su labor como director de fotografía para el cine mexicano le permite trabajar junto a los grandes directores y actores que hacían vida en este país, tales como Luis Buñuel y María Félix. Su vínculo con el cine mexicano resulta crucial en la definición de su estilo fotográfico, tanto por la influencia de la luz tropical como por la identificación ideológica.

Como reportero gráfico viaja Estados Unidos, América del Sur y Europa. En París, en 1944, registra los fuegos artificiales con los que se celebró la liberación de la ocupación nazi. Este mismo año, durante un viaje a Colombia, funda en Bogotá una galería de arte que se convertirá en un importante centro de la vida cultural y bohemia de la ciudad, y que jugaría un papel decisivo en la década siguiente al convertirse en sede de la primera exposición individual de Fernando Botero (1951) y del Salón de los Rechazados (1952). En 1947 trabaja con David Alfaro Siqueiros en el mural Cuauhtémoc contra el mito, tras lo cual tuvo lugar un escándalo por la denuncia efectuada por Matiz del uso no acreditado de sus imágenes por parte del pintor mexicano, lo que culminó con la expulsión del fotógrafo de México.

En 1948 es enviado a Bogotá por la revista Life para cubrir la IX Conferencia Panamericana. Matiz se encuentra en el centro de los acontecimientos cuando tiene lugar, el 9 de abril, el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y el estallido del Bogotazo. Durante los incidentes, es herido de bala en una pierna. Poco después, como observador y reportero gráfico de las Naciones Unidas, viaja al Medio Oriente a cubrir la guerra árabe-israelí. Registra, en una famosa fotografía, el atentado que cobró la vida al conde Bernadotte, diplomático sueco que mediaba en el conflicto. En 1951, junto a Álvaro Mutis, recorre el río Magdalena y documenta, para la revista Lámpara, las fiestas populares de sus pobladores.

A partir de finales de los años cincuenta, una gran parte de la actividad profesional de Leo Matiz se desarrolla en Venezuela, lo que lo convierte en un testigo de excepción de la modernidad y sus protagonistas en este país. Registra el derrocamiento del dictador Marcos Pérez Jiménez, trabaja para importantes periódicos y revistas, y llega a ser fotógrafo oficial del Palacio de Miraflores (1961) y de la Oficina Central de Información (1973). De su obra fotográfica en Venezuela, la realizada en la Ciudad Universitaria de Caracas (obra maestra de la arquitectura venezolana diseñada por Carlos Raúl Villanueva y uno de los más importantes exponentes de la idea corbusiana de “síntesis de las artes”) destaca como un hito de la fotografía de arquitectura en el siglo XX.

Junto a la labor documental de Leo Matiz, sobresale también su faceta experimental y vanguardista. Muchas de sus imágenes pueden considerarse como interpretaciones personales del surrealismo, el realismo mágico y la abstracción geométrica. A esta última tendencia logró adscribir, gracias a su mirada única, a sus juegos de luces y sombras y a su afán por subvertir las convenciones visuales establecidas, un conjunto de extraordinarias composiciones a partir de formas vegetales, naturales, urbanas, arquitectónicas, industriales y cotidianas.

Desde finales de los años ochenta se han sucedido, tanto en Colombia como en el resto del mundo, numerosas muestras retrospectivas en homenaje a su trayectoria.

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Leo MATIZ