HERRERA Arturo

Tras licenciarse en la Universidad de Tulsa (Oklahoma, Estados Unidos, 1982) lleva una vida errante entre Nueva York, Venezuela y Europa. Posteriormente se traslada a Chicago, donde obtiene un título de posgrado en Bellas Artes en la Universidad de Illinois (1992). Realiza sus primeros collages a finales de los años ochenta y, a mediados de la década siguiente, ya ha desarrollado un particular método para su confección: Herrera recorta figuras de revistas infantiles para colorear, especialmente las de Walt Disney, las utiliza como si fueran ready-mades y las combina, valiéndose también de la pintura y el dibujo, en sugestivas e inquietantes composiciones de gran carga sexual. Estos collages son presentados por primera vez en la muestra colectiva The Sick Rose (The Drawing Center, Nueva York, 1994). El juego que en ellos tiene lugar entre la sexualidad, la imaginería infantil y el hálito de surrealismo que los impregna daría lugar a una primera interpretación de la obra de Herrera en términos freudianos que, sin embargo, pronto queda superada como análisis único de una obra que no tardará en revelar una gran ambivalencia.

En 1994 comienza a realizar pinturas murales. Entre las más tempranas destaca Tale (1995), una composición de enmarañadas siluetas de incierto aspecto orgánico: el espectador no puede saber si se encuentra frente a abstracciones, un despliegue de intestinos o un amasijo de personajes de Disney. Pero la ambigüedad (que atraviesa la obra entera de Herrera) no se limita sólo a estos aspectos representativos, pues las formas que pueblan sus murales, a pesar de haber sido elaboradas con pintura, parecen grandes trozos de papel recortados y pegados a la pared. La ilusión, la apariencia, la representación de lo que no es, puede surgir en cualquiera de los distintos niveles de sentido que abundan en el trabajo de Herrera, pero de manera especial en la revelación de los materiales y la técnica misma. En 1998 interviene con pintura la fachada del Whitney Museum of American Art (Nueva York) y realiza un mural en tributo a Meret Oppenheim para el College of Wooster Art Museum (Ohio, Estados Unidos).

A finales de los años noventa, a partir de fieltros recortados y colgados en las paredes, cuyas formas semejan tinta o pintura chorreada, Herrera produce piezas que son, en realidad, instalaciones, pero que semejan dibujos o drippings sobre la pared. Ejemplos tempranos de este tipo de obras son All at Once y la serie Behind the House, ambas de 1999. Siguiendo un principio análogo, produce también un híbrido de pintura y escultura: un MDF recortado con forma de pintura chorreada y pintado con poliuretano, no para ser colocado en una pared, pese a ser casi bidimensional, sino en el piso, en medio de un recinto expositivo, creando la ilusión de que en ese punto del espacio ha comenzado a manar pintura (sin título, 1998). A esta experiencia seguirán varias series de poliuretano sobre MDF: algunas se conforman de formas abstractas irregulares para ser emplazadas directamente en la pared (sin título, 2000); en otras, estas formas han sido adheridas a un MDF rectangular que le sirve de fondo (sin título, 2004).

En algunos de los collages que produce entre 2002 y 2003 ya no extrae las figuras de las revistas infantiles, sino las “dibuja” a partir de líneas de papel recortadas de diversas publicaciones. Se trata, pues, de un “dibujo” (en realidad un collage) realizado a partir de los vestigios de otro dibujo o imagen cuyo motivo casi nunca puede identificarse, pero que aporta restos de lo que alguna vez fueron sus líneas y colores. En la serie Night Before Last (2003), las formas recortadas (esta vez en papeles monocromos), no sólo corresponden a dibujos figurativos, sino también a grandes drippings que los cubren parcialmente. Junto a esta serie de collages, Herrera ha dado a conocer un conjunto de dibujos preparativos en grafito sobre papel. En ellos apreciamos que estos drippings no son tales, sino que aparecen silueteados y, en ocasiones, rellenos con grafito: no deja de ser significativo que uno de los gestos más característicos de la pintura no representativa sea aquí representado por el artista, valiéndose de distintos medios, a lo largo de varias etapas de un proceso. Para la serie Keep in Touch (2004), Herrera encarga los servicios de ilustradores profesionales para producir a partir de escenas de películas animadas, las imágenes que recortará o empleará como fondos. Sobre estas ilustraciones, el artista realiza trazos con pintura a la manera del expresionismo abstracto, o adhiere sobre ellas recortes de papel que tienen la forma de estos trazos. Herrera insiste aquí en dos de los aspectos recurrentes de su obra: por una parte, el espectador es capaz de detectar atisbos tanto de las películas como de las imágenes recortadas, y su imaginación intentará (casi siempre infructuosamente) identificar y establecer asociaciones entre ellos; por otra, mediante el empleo racional, metódico e incluso sígnico de un gesto propio del expresionismo abstracto, Herrera otorga a esta variedad de abstracción de una intención que trasciende tanto su carácter óptico como azaroso.

En la serie Boy and Dwarf (2006), Herrera lleva hasta un nuevo nivel de complejidad su característica mixtura de materiales y técnicas, los cuales, estratificados en capas y subcapas sobre el collage, dan lugar a una experiencia de percepciones y asociaciones de apariencia infinita e inabarcable para el espectador. A partir de entonces, la obra de Herrera se diversifica en múltiples direcciones (materiales, medios, técnicas, temas). En la instalación Les Noces (2007) se vale del video y los medios informáticos para establecer un diálogo entre proyecciones de imágenes de su obra temprana y un ballet de Igor Stravinsky. En el collage Arabella (2012), la fuente de inspiración es la ópera. Más recientemente, Herrera ha incursionado en el ámbito del libro de artista. Interviniendo publicaciones comunes mediante técnicas diversas y mixtas, en ocasiones valiéndose de plantillas, el artista cubre las páginas de los libros hasta que su contenido original, sin dejar de ser visible, pierde su legibilidad total o parcialmente. El espectador de estas obras tiene la sensación de que se le ha hecho inaccesible un mensaje racional anterior a las formas abstractas o semiabstractas que ahora ocupan el primer plano. Si bien se evidencia en estos trabajos recientes la tensión –presente desde los inicios de su obra– entre los vestigios más o menos evidentes de formas representativas y la supremacía, si bien ambigua y nunca plena, del gesto y la forma abstracta, Herrera aquí ha añadido a su repertorio el tema del mensaje lingüístico.

Arturo Herrera vive y trabaja en Berlín, Alemania.

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Arturo HERERRA

Night Before Last (1R), 2003