FONSECA Gonzalo

En 1939 inicia estudios de arquitectura en la Universidad de la República Oriental del Uruguay (Montevideo), los cuales abandona en 1942 para ingresar al Taller Torres-García. A partir de este momento, Fonseca no sólo se aboca al estudio y la puesta en práctica de la estética del universalismo constructivo, sino que se sumerge de lleno en la formación integral, humanista e incluso ética que Joaquín Torres-García proponía como una manera de trabajar directa e indirectamente en la obra artística. En 1944 participa junto a otros miembros del Taller en la producción de murales constructivos para el Hospital Saint Bois. En 1946 viaja, junto con un grupo de condiscípulos del Taller, por Perú y Bolivia, donde estudia los sitios arqueológicos y el arte precolombino. La pintura que desarrolla por entonces sigue en general los preceptos del universalismo constructivo (predominio de la estructura, formas planas y sígnicas, campos de color); abundan en ella las escenas portuarias y los bodegones. Por esta época produce también relieves en madera plenamente abstractos. En 1949, la muerte del maestro pone fin a esta etapa y, al año siguiente, Fonseca se marcha de Uruguay.

Durante la primera mitad de los años cincuenta, Fonseca vive en varias ciudades de Europa y viaja por el Medio Oriente y el norte de África; visita y estudia sitios históricos e incluso trabaja en yacimientos arqueológicos. En Madrid y París profundiza en el estudio y la práctica de la cerámica. En 1956 retorna a Montevideo y en 1958 se instala en Nueva York. En esta ciudad produce nuevamente obras para espacios públicos, entre ella un mural en mosaico vidriado para la New School of Social Research (1959-1961). A lo largo de los años sesenta, los símbolos, las formas y la estructura reticular propios del universalismo constructivo van cediendo terreno a la representación de una arquitectura misteriosa que encuentra su inspiración en los monumentos arqueológicos que ha estudiado en sus viajes. Resultado de esta nueva línea son una serie de paisajes metafísicos en pintura o relieve (en madera o cemento). En pocos años, estas formas arquitectónicas se emanciparán del plano para ganar la tridimensionalidad e instaurarse en el espacio real. Todavía como un estadio intermedio, algunas creaciones de esta época (Columbario nº 1, 1966) se encuentran a medio camino entre el relieve y el ensamblaje, pero cuando acomete la producción de nuevas obras para espacios públicos, como The Sun Boat, Underpass y The Building en Reston (Virginia, Estados Unidos, 1964-1965), y la Torre de los Vientos en Ciudad de México (1968), ya nos encontramos ante grandes monumentos que participan tanto de la escultura como de la arquitectura. Esta última construcción, una torre penetrable de concreto de doce metros de altura, fue realizada para el conjunto escultórico Ruta de la Amistad, en ocasión de los XIX Juegos Olímpicos.

A finales de la década de los sesenta, Fonseca realiza sus primeras esculturas en piedra, que a partir de entonces se convertirá en el principal material de su creación artística. Para ello instala un taller en Pietrasanta (cerca de Carrara, Italia) que alternará con su atelier neoyorquino. Las formas arquitectónicas inspiradas en los monumentos de la Antigüedad se mantendrán como su motivo principal, pero ya no continuará el camino alcanzado con sus creaciones para Reston o Ciudad de México, ya que a partir de entonces estas “arquitecturas” ya no serán penetradas o recorridas por sus espectadores: sus dimensiones se reducen y sus espacios internos (si bien sugeridos) desaparecen. Estas esculturas, plenas de valor metafórico, simbólico y mítico, refieren a espacios sagrados (templos, mausoleos), donde abundan los nichos y los altares, en ocasiones vacíos o resguardando objetos de apariencia sagrada (generalmente formas geométricas); o se establece en ellas una dialéctica de formas verticales (obeliscos, torres, zigurats) y horizontales (atrios, explanadas, terrazas); o recuerdan rituales iniciáticos o de paso (pórticos, escaleras, laberintos, oquedades cavernosas).

Valiéndose de distintas variedades de piedra (mármol de Carrara, piedra caliza, travertino rojo, arenisca), Fonseca desarrollará estos hallazgos e ideas durante el resto de su trayectoria. Paralelamente producirá una serie de dibujos con motivos análogos, pero de carácter más narrativo, en los cuales las construcciones arquitectónicas o los paisajes en los que éstas se inscriben, se encuentran habitados por seres humanos o mitológicos. A pesar de que su obra escultórica no sería muy conocida en Uruguay hasta después de su muerte, Fonseca representó a su país de origen en la XLIV Bienal de Venecia (1990).

032n09353_83m231

Gonzalo FONSECA

Form in Relief, c. 1948