CHAPARRO Aldo

Chaparro creció en el barrio San Isidro de Lima. Su hogar estaba ubicado frente a la Huaca Huallanmarca, una pirámide prehispánica conocida como la pirámide de la bruja, cuyo volumen influyó desde muy joven en su percepción del espacio. Durante sus años de formación recibió una postal con una fotografía de George Baselitz junto a una de sus esculturas de madera de gran tamaño. Según Chaparro, esa imagen ha sido la influencia más fuerte que ha tenido su trabajo.

Cursó estudios de arte en la Pontificia Universidad Católica de Lima, donde se especializó en escultura. Trabajó en el estudio de su mentor Hernán Pazos hasta que viajó a México en 1991. Llegó a Monterrey acompañado de su amigo Moico Yaker tras haber sido invitados a participar en la exposición inaugural del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) titulada Mito y magia en América: Los ochenta (1991). Su trabajo en esa época era una continuación de la obra en madera tallada que había realizado en sus últimos años de universidad. En su mayoría eran representaciones de objetos que aparecían en las pinturas del género Vanitas durante la contra reforma. Le interesaba la pintura cuyo objetivo era recordar que todo en la vida era vanidad: el conocimiento, la comida, la música e incluso el arte mismo. A nivel de contenido ya había definido su interés por investigar los procesos, superficies y comportamientos de los materiales.

Su estadía en Monterrey se extendió algunos años durante los cuales realizó exposiciones en galerías y museos incluyendo una muestra individual en el Museo de Monterrey (1994) y Flúor en la galería Ramis Barquet (Monterrey,
1998). Allí contrajo matrimonio con Vanesa Fernández. Juntos residieron en Villa de García, un pueblo ubicado en el desierto a dos horas de Monterrey, donde él, su esposa y Mario García Torres crearon el colectivo La Mesa. Entre los proyectos realizados se destaca Andador 20, una casa diseñada y fabricada por Chaparro con referencias modernistas que exploraba la relación de la arquitectura con la naturaleza. La casa fue sede de un proyecto-performance con Los Lichis (Gerardo Monsivais, Manuel Mathar y José Luis Rojas) quienes luego de vivir allí siete días componiendo música y consumiendo drogas realizaron un concierto de “descomposiciones” que el público escuchó fuera de la casa en medio del desierto. La casa inspiró varios proyectos posteriores en los que buscaba soluciones de diseño y arquitectura a necesidades no tradicionales o moralmente en conflicto.

Durante ocho años Chaparro dictó clases e la Universidad de Monterrey. En el 2000 creó junto con su esposa la revista Celeste. Eventualmente su trabajo como editor se amplió al punto de realizar simultáneamente seis revistas, libros y proyectos especiales.

Su trabajo más reciente es bastante diverso. Por una parte, están las obras en las que frases de letras de canciones populares se materializan en textos escritos en afiches o en la pared. Otras hacen referencia a íconos Pop como las variaciones de la escultura Love de Robert Indiana (1964) la cual cambia por palabras con referentes sexuales. De igual forma realiza una obra más abstracta utilizando paneles de acero de diferentes colores que moldea con su propio cuerpo.

A nivel conceptual esta obra abstracta está relacionada con su interés por los espejos y por la obra de Pistolleto, Robert Morris y Borges. Inicialmente utilizó el acrílico espejo pero luego optó por el uso del acero inoxidable. Una de las premisas de su trabajo es el tiempo y los aceros son un ejemplo de eso. En el objeto se puede ver cuales fueron las fuerzas que transformaron el material y le dieron la forma que ostenta. Para él lo fundamental es el proceso; el objeto es el resultante, el documento, la huella de esa “pelea” en la que el artista lucha por transformar el material y el material lucha por preservar su forma. Estas piezas son el resultado del peso, de la fuerza e incluso del estado de ánimo del artista y desde esta perspectiva se generan orgánicamente.

La mayor parte de su obra se basa en procesos rápidos que implican una interacción estrecha con el material. Para Chaparro, los objetos resultantes de sus encuentros con distintos materiales funcionan como la evidencia que permite reconstruir el proceso que transforma el material en un objeto artístico. El artista utiliza la paranoia de la copia relacionándose y cuestionando las nociones de autoría y autenticidad para establecer encuentros o conexiones con sus observadores.

 

Vive y trabaja entre México D.F., Nueva York, Madrid y Lima.

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Aldo CHAPARRO

Untitled, 2012